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¿Cuál independencia de Europa?

Por Atawallpa Oviedo Freire, Puruwa de Ecuador, Filósofo Andino.

Imperio, civilización, monarquía, Estado, democracia, esclavismo, feudalismo, ciudad-estado, señoríos, reyes, reinas, princesas, doncellas, súbditos, etc., etc. son términos que responden y se ajustan solamente a un territorio, a una determinada época, y sobre todo a un tipo particular de concepciones y de creencias. Las mismas que recrearon un paradigma de sistema y de sociedad, y los cuales no se ajustan y no corresponden ni se asemejan a ninguna otra parte o lugar de fuera de Eurasia, especialmente de Amerriske (nombre antiguo y propio de América que queremos revalorizar).

El eurocentrismo en su narcisismo o enamoramiento de sí mismos, creen que su interpretación de la vida y de la realidad es universal para todos los pueblos del mundo, y desde ahí cobijan a todos con su manto sacrosanto de iluminados en una suerte de autismo intelectual. Los historiadores y ensayistas de mentalidad colonialista y anodina, han demostrado históricamente ser incapaces o quemeimportistas para estudiar, investigar, y encarnar otras concepciones y formas de vida que les permita hablar con pertenencia y acercarse un poco más a la realidad que quieren graficar.

En el egocentrismo y etnocentrismo que les envuelve, creen que son suficientes los conocimientos occidentales para desentrañar a otros pueblos. Consideran que su mirada “objetiva” y “científica” está llena de la única verdad y de la mejor capacidad para analizar a los otros, a los diferentes, a los diversos, a los opuestos. La presunción occidental se asume como la poseída por la gracia divina para juzgar y sentenciar a la alteridad bajo sus parámetros idolátricos e idolacéntricos.

Muy pocos han tenido la humildad y la seriedad para internarse con mente y cuerpo en la vivencia de quienes piensan y sienten de otra manera, para escribir o explicar desde esa particularidad, y no desde los prejuicios y complejos del observador autocrático. La inmensa mayoría de los cronistas e historiadores al interior de occidente y de los occidentalizados han estado imbuidos de una arrogancia intelectual y de una prepotencia cultural que les hace auto presumir que son los mejores exponentes para explicar sobre los otros pueblos del mundo, y que son totalmente opuestos y diferente a ellos. Todo lo cual ha terminado en disección, juzgamiento y sentencia, antes que en objetividad, que es lo que creen tenerla, pero tan solo ha sido pura miopía ética y estrabismo moral lo que alcanzan a referir.

Así han escrito la historia de todo el mundo por lo que se hace urgente reescribirla, pues la historia que cuentan y que es reproducida por las academias criollas es una vergüenza, por decir lo menos. Lamentablemente son ellos los que se encargan de recrear y de acentuar esa visión del pasado, que es la que ha acomodado y construido el presente actual, y que pretende prolongarla o reproducirla indefinidamente en el futuro. Cambiar una situación política o cultural implica cambiar la visión del pasado, caso contrario no se entiende el presente y no se sabe cómo salir del empantanamiento inducido. Por ello, hasta ahora no hay cambio alguno.

Veamos unos ejemplos y partamos de episodios sucedidos en este mes de agosto del 2021 para poder vislumbrar lo anteriormente anotado. Ecuador y Bolivia siguiendo el patrón histórico impuesto por la continuidad colonial (conticolonial) han celebrado lo que ellos llaman la “independencia de España”. Es decir, dan por sentado que hubo una liberación, reproduciendo insistentemente en el imaginario de los pueblos de que ahora son libres, para con ello hacer más fácil su dominación perenne. Hoy el dominado se cree libre y vive esa dominación como la forma libre en la que él establece como se auto somete y a eso le llama libertad.

Los autistas historiadores presentan como patriotas a los llamados “libertadores”, cuando a ninguno de ellos le dolía la nación y peor los pueblos sometidos, tanto es así, que cuando se produjo el corte administrativo con España, el sometimiento de la población, especialmente indígena y negra, se amplió y profundizó. A los tales “patriotas” no les preocupaba el sometimiento a España, lo que les molestaba es que todo lo que explotaban a la gente nacional se vaya en gran medida para Europa. Su lucha no era por la liberación del pueblo al yugo español, sino por librarse de rendir cuentas a la monarquía. Su propósito era terminar con las Capitulaciones de la Reina que les obligaba a ser menos despiadados con los trabajadores, y querían que desaparezca esa orden monárquica que les impedía someter mucho más al trabajo duro a las poblaciones nativas.

Se rasgan las vestiduras los talibanes historiadores con las supuestas ventajas que se alcanzaron con la república y la democracia. Cuando surgió el Ecuador en 1830 en sus leyes republicanas solo podían votar los hombres mayores de 21 años que tenían propiedades y que sabían leer y escribir. Lo que significaba que solo los “patriotas” podían hacerlo, es decir, alrededor de unos 8.000 machos en una población de 500.000 habitantes a la época. Recién en 1861 se suprimió el requisito de que los votantes tuvieran una propiedad. Y tan solo en 1884 se eliminó la obligación de que los candidatos fueran acaudalados para poder participar en una contienda electoral. En 1928 pudieron al fin votar las mujeres, pero solo las que sabían leer y escribir. Y tan solo hace 43 años los indígenas podían votar cuando en 1978 se eliminó el requisito de ser alfabetos.[1]

Entonces, no nos vengan con el cuento de que hubo independencia y de que mejoró la situación en la república, todo lo contrario, la dependencia cultural, ontológica, epistémica, axiológica, etc, se hizo más fuerte. A la monarquía no les interesaba que los pueblos originarios dejen su cultura, tan solo que se cristianicen y trabajen duro, pero para los “libertadores” los indios eran unos “vagos”, “viles”, “ladrones”, como decía Bolívar[2] de ellos, y a los que había que sacarlos de su condición para que pasen a “ser civilizados”.

Así pensaban todos los criollos de esa época y consideraban como un “conflicto” para ellos la forma de vida comunitaria y sus representaciones culturales y epistémicas propias. Incluso, cuando surgió la izquierda también pensaba lo mismo y hablaban del “problema indígena”. Y lo sigue siendo hasta el día de hoy, cuando acusan a sus propuestas, como por ejemplo el Buen Vivir, de creencias románticas, retro revolucionarias, idealistas, fundamentalistas, pachamamistas. No ha cambiado mucho el pensamiento criollo, y por ello siguen ensalzando a la supuesta independencia tanto por las derechas y las izquierdas, corrientes éstas que en el fondo no se diferencian en mucho, solo superficialmente.

La independencia administrativa que hubo frente a España no es nada frente a la dependencia filosófica, educativa, económica, política, jurisprudencial, etc, que se mantuvo y se mantiene hasta el día de hoy. El axioma de la “independencia de Europa” es el amuleto para que justamente nadie busque aquello, tan solo una emancipación de clase como promueve la izquierda, puesto que en todo lo demás buscan su permanencia y prolongación. Cuál es la izquierda que se fundamenta en las filosofías indígenas. Ni siquiera el MAS en Bolivia, que tan solo ha hecho un champú de todo lado, mestizando de aquí y de allá, para terminar folclorizando lo indígena.

La izquierda habla de una “segunda independencia”, con lo cual dan por sentado de que hubo una primera. En todo caso, hasta ahora no han logrado hacer su “segunda independencia”, porque ellos hasta ahora no han hecho la primera y que es la ruptura con el colonialismo epistémico y ontológico. Y eso no les interesa. Algunos balbucean una crítica al colonialismo pero desde el marxismo, como que éste no fuera parte de lo occidental. De la misma manera, que no entienden que la salida al cambio climático no vendrá desde los mismos paradigmas que lo crearon, no comprenden que el cambio estructural que demanda la vida tendrá que venir de paradigmas de la externalidad a todo lo occidental.

Hablar de “segunda independencia” es no querer que haya ninguna, de ahí su fracaso estrepitoso en 100 años, puesto que el cambio es de paradigmas filosóficos fundacionales, y no solo algo económico y político. Y no es que no lo sepan, si no que no les interesa, no lo aprueban y no lo aceptan. Su dogmatismo eurocéntrico no les permite ver más allá de sus narices pequeño burguesas, de las que están imbuidos y viven así todos los días.

Son estos historiadores e intelectuales los que han escrito la etapa precolombina y los 500 años en decurso, y siguen los mismos patrones, unos más, otros menos, es la única diferencia entre ellos. Nadie se ha propuesto estudiar seriamente las filosofías indígenas para reescribir la historia, para leer por debajo lo que dicen los cronistas y entender qué es lo que había en el fondo. Manejando las racionalidades indígenas y leyendo a los escritores de ascendencia indígena, (eran biológicamente mestizos), como por ejemplo, Guamán Poma de Ayala, Santa Cruz Pachakutik, se puede releer a los historiadores españoles de la época, desde los que escribían duramente contra los indígenas hasta los que eran más suaves.

En este sentido, resulta un absurdo hablar de imperios y estados en los Andes. Aquí hubieron unión de ayllus, markas y suyus, en castellano algo así como una unión de federaciones y confederaciones, pues no hay un nombre exacto en esta lengua. Aquí no hubo pueblos conquistadores sino expansionistas, que no es lo mismo. La conquista es un modelo de vida como parte de un sistema esclavista y cuyo propósito es tomar más territorios por sus inmensas riquezas naturales y someter a sus pueblos para su servicio.

La expansión es el acto de propagarse o expandirse sobre otros lugares para alcanzar más gente hacia sus intereses o convicciones propias, así como lo hacen actualmente los partidos políticos, las religiones o las corporaciones, los que pueden utilizar medios sutiles o violentos para sus propósitos de ampliación política, religiosa o económica. Por ejemplo, los Incas buscaban expandir el Tawantinusyo, incorporando más pueblos y comunidades a su confederación, y también llegaban a la violencia si alguien no aceptaba ser parte de esta comunión de pueblos.

Los Incas se fueron paulatinamente ampliando desde el Cusco, algunos pueblos se fueron integrando por voluntad propia por las ventajas que conllevaba integrarse a los altos conocimientos que manejaban los Incas en diferentes ciencias, y otros rechazaban el incorporarse y preferían guardar sus propias formas autonómicas, produciéndose peleas y disputas.

Los Incas no eran reyes sino una casta especial. Hagamos una comparación para que se entienda. Los Lamas del Tíbet tenían el manejo espiritual y político de ese territorio. Eran un grupo particular con esa potestad, y también han buscado expandir el budismo más allá de su territorio, y además han recurrido a la fuerza para ello. Y algo parecido hacían los Incas.

Con esto, no estamos diciendo que los Incas eran una maravilla, sino que eran diferentes a las monarquías europeas, pero, si pensamos en quienes eran más crueles y explotadores, eran los monarcas y emperadores. La prueba contundente es que en Ameriske (América) encontraron muy poca pobreza, delincuencia, enfermedades, que son los signos básicos de una sociedad en descomposición, y que en el caso de Europa era todo lo contrario, grandes hambrunas, cantidad de enfermedades mortales, alta delincuencia. Tal como vemos ahora la diferencia entre distintos pueblos en el mundo moderno.

Los intelectuales eurocéntricos miden a un país por el PIB, desde la alteridad lo que importa son las variables de desigualdad, enfermedades, delincuencia, pobreza. Según los primeros, EEUU es un ejemplo a seguir, sin embargo, este país es el más desigual entre lo que ellos llaman países del primer mundo, “el país más rico del mundo, tiene algunos de los peores índices de pobreza entre las naciones desarrolladas”[3]. El nivel de pobreza está en alrededor del 15%, lo que significa que cerca de 40 millones de estadounidenses viven debajo de la línea oficial de pobreza, y por ende gran cantidad de delincuencia y de enfermedades que tiene este país. Este último rubro alcanza a todos los sectores sociales, siendo uno de los países con mayor cantidad porcentual de enfermos por su estilo de vida. EEUU puede tener los mejores equipos y personal médico del mundo, pero tiene una altísima población enferma.

Por el contrario, los países con menor desigualdad, sus índices en todo lo señalado anteriormente son muy inferiores. Estos pueblos no son igualitarios, pero son menos desiguales entre sus pobladores. Y eso sucedía en el Tawantinsuyo, la desigualdad no era extrema y consecuentemente su nivel de vida no conducía a los fenómenos sociales deformativos que acabamos de exponer. Casi ningún cronista habla de que hayan encontrado pobreza, delincuencia, incluso, las enfermedades que habían eran pocas, que cuando llegaron las “enfermedades blancas” no pudieron resistir a ellas.

Y así podríamos seguir reescribiendo y reinterpretando la historia, para poder salir del marasmo actual. La historia colonial está presente en la cotidianeidad de cada día, o dicho de otra forma, lo que ahora es Amerriske o Abya Yala es el resultado de lo que hizo la monarquía y la república en estos 500 años. De ahí, la importancia de descolonizar la historia si queremos un cambio real y profundo.


[1] https://www.elcomercio.com/actualidad/politica/derecho-al-voto-cambio-nueve.html

[2] https://www.abc.es/historia/abci-pensaba-simon-bolivar-sobre-indigenas-mas-ignorantes-raza-espanoles-201810090210_noticia.html

[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53440439

Por Alteridad

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